sábado, 19 de septiembre de 2026
Sigue la Senda - Hubo un tiempo en que llamar por teléfono no significaba buscar a una persona concreta. Significaba llamar a una casa. El teléfono fijo estaba asociado a la vivienda. Cuando sonaba, cualquiera que estuviera cerca podía descolgarlo. Y antes de hablar con la persona que buscabas, era habitual preguntar: —¿Está tu padre? O tu madre. O tu hermano. O quien fuera el destinatario de la llamada.
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